lunes, 16 de febrero de 2015

La Muerte Siembra Memorias- Natalia Zoe Ramos Aguilera



La muerte va sembrando memorias   que se representan a través de las obras de Juan Rulfo, David Toscana y Jaime Sabines.


Las memorias, las que dan esencia a la narración, son las que nos brindan un empujón para que nuestra imaginación sea capaz de completar el razonamiento que surge naturalmente del pasado, presente y futuro dentro del relato, son esas ganas de querer saber todo el contexto y las personalidades. Leyendo  Pedro Páramo, me di cuenta de que el pasado era literalmente lo que construía  toda la obra, dando un sabor de soledad y muerte.  Los personajes se encontraban atascados de memorias, la cuales no los dejaban estar en paz e irse a descansar al otro lado, y el porque de todos estos sucesos, que se repetían uno tras otro es un aspecto que muchas veces causa gran conflicto en cualquier escena real o ficticia.

-Comala, señor.
-¿Está seguro de que ya es Comala?
- Seguro, señor.
- ¿Y por qué se ve esto tan triste?
- Son los tiempos, señor.
Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros.

( Rulfo, 1955)

La muerte, la dominante, la nostálgica, la triste, y en otros casos feliz, la que se retira y provoca para unos un leve y para otros un enorme sentimiento de ausencia cuando le llega la hora de venir. Estas memorias de las que hablo no son de casualidad, sino al contrario, están  abatidas de pura causalidad, y la respuesta a esto es la muerte, para mi es una de las partes que puede llegar a amargar e impresionar dentro de una obra literaria.

La muerte se va mencionando en distintos aspectos dentro de las tres obras literarias, en una es algo que abunda y se llega a convertir en lo normal y deambulante, en otra es un hallazgo que mueve a un último lector a relatar su inconformidad con el mundo y en la poesía, nos encontramos con las consecuencias que esta causa dando como resultado recuerdos y metáforas que van dedicadas al padre de Sabines.

           
                    Morir es retirarse, hacerse a un lado, ocultarse un momento,
estarse quieto, pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.

Morir es olvidar, ser olvidado, refugiarse desnudo en el discreto
Calor de Dios, y en su cerrado puño,
Crecer igual que un feto.

(Sabines, 1989)


Los personajes se encuentran en estados de ánimo bastante diferentes entre sí, los Comala son bastante rencorosos y cerrados, ellos no dejan ni sueltan las faltas de los otros pobladores, quedándose cada uno con el problema que no es de su incumbencia. Las memorias que guardaban eran la mayoría consecuencia de la muerte no solo humana si no de las tierras de Comala, secas, muertas y pobres.
En si el autor trata de expresar como la muerte abarca muchos elementos y también disfraza situaciones causando consecuencias que van armado la historia.

Cuando Juan Preciado, personaje principal de Pedro Páramo, descubre la realidad de aquel pueblo derrumbado e iracundo,  recurre a la muerte para tratar de averiguar y al final introducirse a la historia y las acciones de todo una población dominada por un hombre con poder Pedro Páramo. 

No había aire. Tuve que sorber el mismo aire que salía de mi boca, deteniéndolo  con las manos antes de que se fuera. Lo sentía ir y venir, cada vez menos; hasta que se hizo tan delgado que se filtró entre mis dedos para siempre.

Digo para siempre.

Tengo memorias de haber visto algo así como nubes espumosas (…) Fue lo
último que vi. 

(Rulfo, 1955)

Cuando la noticia de muerte de la niña con el nombre sobrepuesto Babette  llegó
a Icamole, pueblo plagado de poca abundancia y florecimiento, este evento fue lo
 único que rompió  la monotonía que lo definía. Esta muerte, este asesinato,  entrelaza con otra historia de otra búsqueda: la de Lucio y su devenir como lector crítico y apasionado, como el último lector, inconforme con sus circunstancias y su mundo.


Remigio también baja a la calle. Toma unos segundos de decidirse a hablar, mientras borra las historia de la gente sobre la mujer que viene a Icamole a regalar libros. ¿Se le pierde su hija y ella como si nada? – Esas no fueron mis palabras, ni las suyas, dice Lucio, además ella esta consciente de que la niña no esta perdida sino muerta. 

(Toscana, 2010)

La niña muerta plantea un enigma: el cual es para leerse e interpretarse. ¿Cómo murió? ¿Quién la mató? ¿Cómo llegó hasta el pozo de Remigio?... Creo que existen simbolísmos donde por ejemplo cuando la muerte flota en el agua se ve la paradoja: el movimiento y el cambio visitan a Icamole de manera subrepticia a través de la muerte, pues sólo a raíz de la desaparición de Anamari en Icamole todo se mueve.






Toma la mano tan pronto la ve salir y le sorprende no sentir asco. Ya en otra oportunidad había cargado a un muerte y casi se vomita. Pero tu eres muy diferente, le dice a la Niza, debiste ver al otro: viejo, gordo y encima inflado y desnudo porque se ahogó en una charca.

(Toscana, 2010)



La muerte como poesía y para Jaime, es como algo que te hace retener los recuerdos y te transporta a las acciones de costumbre y pasado, volviéndolo como algo realmente sentimental y dantesco. Para Sabines y su poema “Algo sobre la muerte del Mayor Sabines” los detalles y los versos largos son los que completan todo este poema, la importancia que le da las metáforas sobre las acciones llegan a convertir a la muerte en algo realmente bello que puedes disfrutar sintiendo la verdadera nostalgia del autor ante la muerte de su padre.

Padre mío, señor mío, hermano mío, amigo de mi alma, tierno y fuerte, saca tu cuerpo viejo, viejo mío, saca tu cuerpo de la muerte.   (…) Amo tus canas, tu mentón austero, tu boca firme y tu mirada abierta, tu pecho vasto y sólido y certero.

(Sabines, 1973)

En conclusión, es algo muy delicioso e interesante ver como se puede jugar con un  término tan difícil y áspero, al cual puedes usar a tu gusto colocando o no, distintos puntos de vista que van desarrollando una historia, cuento, poesía o hasta canción. La forma en la que cada autor utiliza la muerte y la planta como memorias es tan original que al final cada obra te deja un sabor diferente, como en El último lector que jamás durante toda la historia llegas a realmente sentir tristeza por Anamari (Babette) o en Pedro Páramo que te hace vivirlas y acostumbrarte a la muerte y las memorias como si fuera lo más normal en Comala.

Te enterramos ayer.
Ayer te enterramos.
Te hechamos tierra ayer.
Quedaste en la tierra ayer.
Estas rodeado de tierra desde ayer.
Arriba y abajo y a los lados por tus pies y por tu cabeza esta la tierra desde ayer…

(Sabines, 1979)


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